No es solo un libro de recetas veganas. Ni solo un libro de espiritualidad. Es la historia de alguien que lo tuvo todo —control, reconocimiento, exigencia— y descubrió que no era suficiente. Que incluso el éxito puede convertirse en una jaula silenciosa. Entonces todo se rompe, y cuando ya no queda nada que sostener… aparece algo distinto: un gesto, un cuchillo, una cebolla, el fuego... Y, por primera vez, presencia.
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«No llegué al monasterio por devoción, sino por rendición. Había probado ya demasiadas vidas en esta misma. Algunas me llenaron, otras me vaciaron. La salud me dobló el cuerpo y la soberbia me dinamitó el alma. Y un día, como el que se cae de una bicicleta en mitad de la cuesta, decidí bajarme. Bajé de la ciudad, bajé de la fama, bajé del personaje… y subí a la montaña.
Allí me ofrecieron un cuchillo. No para luchar, sino para cortar verduras. Acepté. Porque a veces uno necesita dejar de entender para empezar a sentir. Y en esa cocina sin campana extractora, sin horno de vapor, sin estrellas, encontré el único fuego que no quema: el fuego del ahora».
Diario de un Tenzo es mucho más que un recetario. Es un viaje íntimo hacia una forma distinta de vivir, donde cocinar se convierte en meditación y cada gesto cotidiano en una práctica de presencia.
En sus páginas encontrarás cocina vegana de inspiración budista, recetas conscientes, reflexiones profundas y un cuidado universo visual con fotografías a todo color que acompañan la experiencia.
Un libro para quienes sienten que han vivido demasiado hacia fuera… y necesitan empezar a cocinar hacia dentro.
Este no es un recetario al uso, porque no habla solo de cocina, ni siquiera de meditación. Habla de cómo estás viviendo. Y eso, si eres honesto, incomoda.
Vivimos rápido, reaccionando, acumulando estímulos, ruido, objetivos… sin preguntarnos demasiado desde dónde hacemos lo que hacemos. Este libro corta ahí. Sin dramatismo, pero sin anestesia.
Saboréalo despacio, con calma. No necesitas saber cocinar. Tampoco necesitas creer en nada. Lo único que necesitas —y no es poco— es estar dispuesto a parar. A cortar más despacio. A esperar, sin forzar. A observar sin corregir. Puede parecer pequeño, pero no lo es.
Porque cuando cambias la forma en la que pelas una cebolla, empiezas a cambiar la forma en la que te relacionas con el tiempo, con la frustración, con el control… contigo mismo.
Este libro no te va a transformar de golpe. Pero si lo dejas entrar, algo se recoloca. Y después de eso, ya no se cocina —ni se vive— igual.
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* Tapa blanda con solapas
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Yuzu Karma
Durante años vivió impulsado por la exigencia, el éxito y el control en la alta cocina. Lo que empezó como vocación terminó convirtiéndose en identidad… y después, en una jaula.
El cuerpo puso el límite. La caída —física, emocional y económica— rompió el personaje y le obligó a parar. En ese silencio, descubrió algo que siempre había estado ahí: que cocinar podía ser una forma de meditar.
Sin dogmas ni promesas, encontró en la cocina consciente una manera distinta de vivir. Hoy cocina desde la presencia, el respeto y el silencio. No para demostrar, sino para habitar cada gesto.
Su propuesta no es escapar del mundo, sino aprender a estar en él.
Porque a veces, lo que buscas fuera… empieza a cocinarse dentro.